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La villa romana de La Malena fue descubierta científicamente en Noviembre de 1986, y decimos científicamente porque los vecinos hacía ya tiempo que conocían su existencia.
Si bien la delimitación no es definitiva, se sabe que La Malena tiene en torno a 2500 metros cuadrados de extensión y una gran cantidad de estancias, de las cuales 22 están pavimentadas con mosaicos.
La Villa Romana se localiza en el témino municipal de Azuara, a menos de 2 km al este del casco urbano. Está situada a unos 100 metros del cauce del río Cámaras, en su margen derecha y en plena huerta de la localidad. La altitud a la que se encuentra es 560 msnm, en el piedemonte que enlaza el Sistema Ibérico con el valle del Ebro, en un camino natural que une las comarcas de Daroca y Belchite.
El clima mediterraneo que domina la zona, y las características del valle, hacen que esta zona sea propicia para el cultivo de la vid y el olivo, además de los productos hortofrutícolas que podemos encontrar en el valle del río. Este entorno descrito, convierte la zona en un lugar propicio para permitir un establecimiento rural autosuficiente, además de tener un clima no demasiado riguroso.
Durante el tiempo que se llevan haciendo las excavaciones en la Villa de La Malena se ha descubierto gran parte de la "Pars Urbana" o zona noble de una rica villa romana cuyo momento de asentamiento se puede situar alrededor del siglo IV d.C. Como podemos ver en el plano que sigue, la vivienda se distribuye en torno a un gran patio central o Peristilo de planta cuadrangular rodeado por cuatro corredores pavimentados con mosaicos geométricos policromos. Alrededor de éstos, se abren más de cuarenta habitaciones de las que diecisiete cuentan con ricos mosaicos policromos. Esta estructura es muy similar a la de otras villas del valle del Ebro y sobre todo Villa Fortunatus, en Fraga. El material arqueológico, encontrado en gran medida en un nivel de abandono, parece que sitúa el final de la Villa a mediados del siglo V d.C. Al parecer el lugar no volvió a habitarse, pero las fuentes del siglo XVII citan una ermita en ruinas, localizada en los alrededores, dedicada a Santa María Magdadalena.

 

El patio central , de grandes dimensiones, muy posiblemente ajardinado y decorado con esculturas de las que han aparecido diversos restos, contó en su parte central con un gran estanque de planta rectangular y alvéolos semicirculares longitudinales. Los corredores, abiertos al patio central y posiblemente provistos de un pórtico sustentado por columnas de las que han aparecido algunos restos, dan paso a una serie de dependencias en las que se alternan varios "cubicula". Todos los corredores aparecen pavimentados con mosaicos polícromos algunos de tema geométrico y otros de tema mitológico, con un campo decorativo cada uno, salvo el corredor sur que cuenta con dos.
Otras estancias como la 2, 10, 27, 29 31, 33 ó 34 cuentan con ricos mosaicos con motivos geométricos y vegetales. Estancias como la 4, 13, 21 y 23 están pavimentadas con "Opus Signium", apareciendo los pavimentos de tierra en aquellos espacios dedicados a áreas de servicio, tales como cocinas o almacenes.
El mosaico es el elemento más representativo y característico del asentamiento, ocupando más de 1.000 metros cuadrados de extensión. La tipología es muy variada y todos ellos cuentan con una impecable técnica de ejecución. El mosaico "estrella" se encuentra en la estancia 26, donde aparecen cinco emblemas figurados, representando el central una boda de la mitología clásica, con un programa iconográfico de gran complejidad. Este pavimento puede considerarse una de las obras cumbre de la musivaria hispanorromana, tanto por su belleza y colorido como por su factura.
Algunas paredes de estas estancias se encuentran decoradas con pinturas murales, siendo excepcional el caso de la estancia 2 en la que hay una taracea de mármoles caída sobre el suelo. El gusto refinado de los propietarios de esta villa, se vería complementado con diversas esculturas que decorarían el peristilo, de las que han llegado hasta nosotros escasos pero muy significativos restos.
A diferencia de otras villas hispanorromanas, construidas de una sola vez con el mismo sistema edilicio, en La Malena hay documentada una cierta diversidad en los materiales de construcción empleados, que tal vez respondan a una cierta jerarquización y funcionalidad de los espacios, o también a diversas fases o reformas del edificio. Los muros de este conjunto, a diferencia de otras construcciones, cuentan con un desarrollo ejecutado en piedra caliza colocada en seco o con argamasa, o bien con grandes cantos rodados trabados con argamasa o cal. Productos todos ellos de fácil consecución en los alrededores.
La Villa cuenta con un sistema de calefacción formado por un "praefurnium" comunicado por galerías subterraneas con diversas estancias; además aparecen diversos canales de desagüe complementados por sistemas constructivos que facilitan el evacuamiento del agua.

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